Qué hacer con la Rabia cuando afecta negativamente el logro de objetivos

Últimamente me he encontrado con personas que manifiestan mucha preocupación, porque la rabia constante les ha impedido llevar una vida más satisfactoria y exitosa en cuanto a sus metas y relaciones interpersonales. En muchos casos dicen: la quiero controlar, ¡no quiero que esté más en mi vida!

 

En primer lugar, recordemos ¿Qué es la rabia?

La rabia es una emoción. Es una de las cuatro emociones básicas que compartimos todos los seres humanos e incluso algunos animales. Las emociones las necesitamos todas: rabia, miedo, tristeza (dolor) y alegría; nacemos con ellas, y recordemos que son como “un botiquín de primeros auxilios para la supervivencia”. ¿Por qué? Porque son mecanismos naturales que nos ayudan a reaccionar con rapidez ante lo inesperado, nos permiten tomar decisiones de forma rápida y segura cuando no hay tiempo de pensar, y es una forma de comunicación no verbal. No podemos eliminar a ninguna de ellas de nuestra vida, por mucho que queramos.

Posiblemente se entiende sin problemas que la rabia sea una emoción, pero aun así consideras que te está causando problemas en todos los contextos de tu vida, ¡y no es lo que quieres! Es comprensible, el problema se presenta, entre otras razones, porque el hombre de en hoy día ya no necesita de la rabia como sí lo hicieron nuestros antepasados lejanos (para defenderse de amenazas como animales feroces, otras tribus contra quienes luchar por el alimento, etc). Para nosotros, en el presente, las amenazas reales del entorno son diferentes, y contamos con más recursos para protegernos; sin embargo, la capacidad orgánica para defendernos (pelear, luchar o huir) de un peligro inminente, sigue existiendo para protegernos cuando sea realmente necesario.

 

Lo que tenemos que aprender ahora, es a detenernos un momento y evaluar si realmente la situación que estamos enfrentando requiere del nivel de energía, poder y estado de no vulnerabilidad que podemos sentir cuando tenemos rabia. Aunque no quieras, ante un peligro inminente vas a reaccionar instintivamente para defenderte; lo malo es cuando reaccionamos sin que haya tal peligro, y probablemente es lo que te ocurre. Pues además de darle rienda suelta a la rabia, la alimentamos con nuestros pensamientos (aprendizajes, creencias, juicios de valor) ratificando que tenemos razón, que está justificada nuestra conducta, logrando sólo aumentar los niveles de ira, dando paso así a un círculo vicioso de rabia sobre rabia.

Todo esto ocurre sin querer, automáticamente, producto de tus aprendizajes familiares y culturales.  Por ello, si logras prestar atención a tus pensamientos y descubrir qué tipo de juicios y justificaciones automáticas estas usando, y cambias de forma intencional esos pensamientos (como por ejemplo dar el beneficio de la duda ante la conducta de otra persona), con bastante probabilidad de éxito el nivel de tu rabia va a bajar. Ahora bien, mientras más alimentes tu rabia con pensamientos tóxicos, mucho más alta va a estar y muchísimo más difícil va a ser que disminuya o que desaparezca; por el contrario, no podrás prestar atención a nada más que no sea tener mucha rabia. Sin embargo, el hecho de que no sea tu culpa lo aprendido, no niega tu responsabilidad actual para cambiar.

 

Mientras más alerta estés de ti mismo(a) y más atención prestes a tus pensamientos y sensaciones, más rápido vas a conocer cómo se desarrolla en ti este mecanismo que hace crecer tu rabia y que adicionalmente aparece cuando no es la emoción que se requiere ante determinados eventos. Así, si te escuchas con atención, podrás ir controlando y manejando de manera más efectiva y nutritiva tus emociones.

 

Nuestras creencias son tan poderosas que dictan nuestra conducta ante lo que consideramos una verdad, aún y cuando la realidad nos esté dando pruebas de lo contrario, realmente podemos cegarnos.

 

Por ello, para romper el círculo vicioso, ser más efectivo y conocerte mejor, es recomendable que cuando te des cuenta de que viene la rabia y quieres prestar atención a tus creencias (pensamientos y juicios aprendidos), trates de alejarte del evento disparador de esa rabia, respirar profundo, hacer un poco de ejercicio (o caminar al menos), para que puedas pensar con más claridad, y descubrir qué aprendiste en relación a este tipo de experiencias que te han limitado para sentirte feliz y tener mejores relaciones con los demás.

 

Adicionalmente a lo planteado, nuestros antepasados, cuando tenían rabia, realmente peleaban o huían y de esa manera descargaban toda la energía acumulada. Hoy en día, que usamos la rabia cuando no la necesitamos, no logramos esa descarga y nos tragamos todo lo que estamos sintiendo, acumulando dicha rabia más allá de lo que nuestro cuerpo puede soportar sin enfermarse, y es cuando aparecen dolores de cabeza, úlceras, etc. Si por alguna razón, después de mucho acumular, logramos descargarla, terminamos volviéndonos violentos, muy destructivos y sin resolver nada, llenándonos también de mucha frustración y culpa, e incluso muchas veces, haciendo daño no justificado a nuestros seres amados y a nosotros mismos.

 

Te aseguro que si es posible manejar la rabia adecuadamente y sé que hay quienes lo han logrado. Sin embargo, también sé que hay personas a quienes, por las razones que sean, les es difícil hacerse conscientes e identificar la cascada de aprendizajes que están detrás de reaccionar con rabia ante todo evento, sienten que su vida está muy limitada para sentirse felices y exitosos con el logro de sus objetivos, y por ello desean cambiar.  Si esto último es tu caso, recomiendo que busques un profesional que te acompañe en el maravilloso camino del autoconocimiento y el cambio, de re-apropiarte de tus capacidades y fortalezas para lograr lo que quieres, y ser quien quieres ser.

 

Recuerda que la inteligencia emocional pasa, entre otros aspectos, por: identificar, aceptar, reconocer y expresar adecuadamente todas las emociones. Las emociones son tus aliadas, no tus enemigas.

 

Éste es el segundo de los 4 artículos de La SerieLas Emociones escrios por María Eugenia Luckert, Psicoterapeuta Gestalt y PNL de Olas de Salud. Si estás interesado en leer el primero: ¿Has sentido Miedo? Conoce porqué lo sentimos, haz click aquí